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La serie de ilustraciones en blanco y negro para el último volumen de la "Trilogía de las esferas" concluye con una representación de otro de los escenarios.
No puedo entrar en detalles para no desvelaros la trama, pero se trata de uno de los momentos más intrigantes y emocionantes de la saga.
Como en los otros casos, se trata de fotografías hechas con el móvil, antes de limpiar y retocar, simplemente para daros una idea del proceso.
Ésta es la evolución de la vista general de la escena.
Y aquí podéis ver un detalle. En la segunda versión se ha añadido el sombreado y una segunda rama con otro robot.
Ahora ya sólo queda la portada y las fotografías de alguno de los monumentos reales de las culturas mesopotámicas que menciono en el libro. Espero mostrároslos próximamente.
De nuevo os presento algunas ilustraciones que estoy preparando para la primera edición de "Dioses de las esferas", a partir de simples fotos hechas con el móvil.
En este caso se trata de una nave, una nave muy especial que ya descubrimos en "El juego de las esferas" y con la que nos reencontramos en el último volumen de la trilogía.
La Amatista pertenece a Azenobeth Dwarme, la misteriosa agente de los Fravashi que acompaña a Nadir en su misión. Con un diseño muy particular, es capaz de transportar cómodamente a una pequeña tripulación y una carga limitada con una gran aceleración. Azenobeth la utiliza en sus rápidos viajes relativistas por el espacio sintiente.
No se trata de una nave atmosférica y, por tanto, su diseño no sigue criterios aerodinámicos. Sin embargo, la necesidad de viajar a velocidades próximas a la de la luz impone restricciones a su forma y su estructura.
El volumen ovoidal está pensado principalmente para la tripulación humana, con un escudo que les protege de las radiaciones generadas por la alta velocidad y también reduce el efecto de la aceleración. En medio de este óvalo se sitúa el puente de mando, perpendicular al eje de movimiento.
Las puntas de las extensiones laterales actúan como recolectores de partículas. Esta radiación es guiada por los poderosos campos magnéticos hacia los depósitos del interior y utilizada para alimentar los motores de aniquilación de la popa, que proporcionan a la nave su poderosa propulsión.
En las figuras puede observarse también el espacio ocupado cerca de la popa por las bodegas de almacenamiento, que juegan un importante papel en la historia.
Muy pronto podré enseñaros la tercera y última ilustración, ¡y espero que también la portada!
Además, incluiré algunas fotografías de lugares del Medio Oriente recreados en el mundo de los dioses, para que os vayáis ambientando :-)
Esto se pone emocionante. El último volumen de la "Trilogía de las esferas" está en fase de correcciones, y al mismo tiempo andamos preparando la portada y las ilustraciones.
Para que vayáis haciendo boca y os entre el apetito de algo más, aquí tenéis varias vistas de la factoría del planeta Dandel y del terminal de su ascensor espacial. Son fotografías con el móvil, sin limpiar ni montar.
¿Queréis más detalles? ¿Os reconcome la curiosidad por saber qué hacen allí nuestros protagonistas? Pues me temo que tendréis que esperar a leer el libro, pero ya falta pocoooo :-)
¡Y recordad que la primera parte está disponible de forma gratuita en versión electrónica!
Aprovecho para daros las gracias a todos los que me habéis apoyado (e insistido) para que terminara, y trasmitir mis felicitaciones a Alex Drasse por la magnífica portada.
Ahora me reservo una temporada para hacer otras cosas, y luego vuelvo con la tercera :-)
Ya están listas las tres ilustraciones que sirven para orientar al lector en tres de los lugares donde transcurre la trama de El Juego de las Esferas.
La verdad es que no puedo contaros mucho sobre ellos, para evitar los spoilers. Tendréis que esperar a la novela para saber más, pero mientras tanto podéis divertiros especulando...
Hasta pronto con más noticias sobre la Trilogía de las Esferas.
Anaximandro en la antigua Grecia y Giordano Bruno en el Renacimiento concibieron que los astros podían ser otros mundos similares al nuestro. Desde entonces nos hemos preguntado cómo serán esos otros mundos, qué veríamos si llegáramos allí.
Inspirado por las visiones de las montañas de la Luna, a principios del siglo XVII Johannes Kepler (que formuló las leyes del movimiento de los planetas), escribió la que muchos consideran la primera novela de ciencia ficción de la historia: el Somnium o Viaje a la Luna.
En ella, el protagonista (un trasunto del propio Kepler), llega a la Luna gracias a una buena cantidad de pólvora y a los conjuros de su madre (lo que le valió después a la madre real de Kepler un juicio como bruja).
Los habitantes de la Luna, según la historia de Kepler, se esconden tanto de la furiosa luz diurna como de la larga oscuridad nocturna, saliendo de sus refugios durante el atardecer lunar.
Poco después, a mediados del mismo siglo XVII, Cyrano de Bergerac escribe sus propios viajes imaginarios a la Luna (¡y al Sol!), en los que el protagonista vuela gracias a la dudosa técnica de llevar gotas de roció embotelladas (!). En realidad los viajes de Cyrano no son un sueño más o menos razonado científicamente, como el de Kepler, sino una excusa para analizar y criticar las formas sociales y las ideas filosóficas de su época confrontándolas a una visión utópica, al estilo de lo que hará en el siglo siguiente Jonathan Swift con Los Viajes de Gulliver.
La idea del viaje a la Luna fue retomada por Julio Verne en el siglo XIX, aunque sus personajes no llegan a aterrizar en el cuerpo celeste (sin embargo, atisban restos de civilizaciones perdidas en el satélite terrestre).
Una versión más lúdica del Viaje a la Luna será, a principios del siglo XX, la del pionero del cine Georges Méliès, con sus fantásticas escenas llenas de efectos especiales.
Sin embargo, por entonces otro astro cercano había sustituido a la Luna como objeto de las fantasías y miedos de la humanidad.
Los canales de Marte
En 1877, durante una oposición en la que Marte estaba cercano a la Tierra, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli observó el vecino planeta con su telescopio, dibujando un mapa de sus observaciones.
Schiaparelli interpretó las líneas que veía con su telescopio como canales que podían llevar agua de las regiones polares del planeta a las ecuatoriales, sin juzgar si estos canales eran naturales o artificiales (si existían, debían ser enormes).
Pero fue el astrónomo americano Percival Lowell quien defendió más apasionadamente que los canales de Schiaparelli probaban la existencia de seres inteligentes (con grandes dotes de ingeniería) en el planeta rojo.
Tras construir su propio telescopio a finales del siglo XIX en Arizona, Lowell se dedicó a 'refinar' las observaciones de Schiaparelli y a realizar elaborados mapas de los canales de Marte, sugiriendo que los canales eran artificiales y que había vida alienígena en el planeta.
La apasionada defensa de Lowell, propagada por la prensa, convenció a muchos de que realmente había vida avanzada en Marte. La novela La Guerra de los Mundos de H.G.Wells convirtió esta creencia en los posibles invasores marcianos en una obsesión que duraría varias décadas.
El otro gran propagador de la idea de vida inteligente y belicosa en Marte fue Edgar Rice Burroughs, el padre de Tarzán y otras muchas historias de aventuras. Desde la primera novela de su serie marciana, "La Princesa de Marte", Burroughs capturó la imaginación del público con su Barsoom (el nombre local para el planeta Marte) y las aventuras de John Carter.
Esta novela ha sido llevada recientemente al cine, pero difícilmente se puede capturar hoy la magia que en su momento supuso disfrutar de una representación tan vívida de las aventuras de un terrestre en otro mundo con sus diferentes paisajes, criaturas inteligentes y tecnología.
Mundos de comic
Pero Marte pronto dejó de tener la hegemonía de los mundos imaginarios. El hambre de aventuras fantásticas y los descubrimientos científicos llevaron a la popularización de la ciencia-ficción en la primera mitad del siglo XX en formato de revistas pulp, baratas y con espectaculares portadas que muchas veces tenían poco que ver con el contenido.
En estas historias eran frecuentes los viajes a otros planetas y los encuentros con sus extraños habitantes:
El rey indiscutible del pulp ilustrado de ciencia-ficción es Flash Gordon, quien se enfrenta al malvado emperador Ming en el planeta Mongo:
Mundos en la edad de oro
Al madurar el género de ciencia ficción tras la Segunda Guerra Mundial, la descripción de los mundos imaginarios y sus interrelaciones políticas y económicas se vuelve más realista.
En la Trilogía de las Fundaciones de Isaac Asimov, escrita a principios de los años 50, el apogeo, declive y reconstrucción del Imperio Galáctico se despliega en diferentes mundos.
El principal de estos planetas es Trántor, cercano al centro galáctico y sede del gobierno imperial. Se trata de un planeta completamente cubierto de construcciones humanas en múltiples niveles. Su detallada descripción en los libros ha dado lugar a multitud de ilustraciones:
El planeta Coruscant que vemos en los Episodios I a III de Star Wars está basado en el Trántor de Asimov, situado cerca del núcleo galáctico. Es el planeta de gobierno de la República (y luego del Imperio), con una gigantesca megapolis que cubre toda su superficie.
El otro planeta esencial en la Trilogía de las Fundaciones es Términus, donde se instala la Primera Fundación, en el borde mismo de la Galaxia:
Su situación es una excusa para crear representaciones gráficas que muestran cómo se vería la Vía Láctea desde la superficie del alejado planeta:
Desiertos planetarios
Uno de los planetas imaginarios más conocidos en ciencia-ficción es Arrakis (también conocido como Dune, término que da nombre a la primera novela de la saga y a la saga en sí).
Con el primer volumen de la serie en 1965, Frank Herbert consiguió para la ciencia ficción lo que Tolkien había hecho en fantasía: crear un mundo imaginario con tanto detalle (su ecología, sus criaturas -los famosos gusanos gigantes-, su política, su religión...) que atrapa al lector inmediatamente dentro de un universo propio.
Al igual que en el mundo de Tolkien, nos encontramos con lenguajes propios, razas extrañas y una extensa mitología llena de poderes y lugares inolvidables. La publicación de los mapas originales de Dune contribuyó a convertirlo en un mundo casi real:
Imaginaos viajando a este peligroso y fascinante mundo:
Dune se convirtió en la madre de todos los planetas desiertos. Siguiendo la estela de Herbert, otras historias utilizaron también la dureza de un mundo árido y desolado como lugar de nacimiento o de evolución de sus héroes. Un ejemplo obvio es el Tatooine de Star Wars:
El tópico de un planeta desértico abrasado por su sol se llevó a un nuevo límite en la primera parte de la saga Las Crónicas de Riddick, adaptada en la película Pitch Black:
Un mundo que intenta comunicarse
Antes que Dune, en 1961, el escritor polaco Stanislaw Lem publicó su obra maestra Solaris. Consistente con su preocupación por los límites de la comunicación y el conocimiento, Lem imagina un inmenso ser inteligente pero aislado en el universo, formado por la totalidad de un planeta oceánico, un gigantesco 'cerebro' tan vasto que los humanos no consiguen establecer comunicación con él. Lo visitantes sufren los intentos de Solaris de comunicarse o comprenderlos, creando seres sacados de los sueños y pesadillas de los terrestres.
Ni la primera adaptación cinematográfica de Andrei Tarkovsky, ni la segunda de Steven Soderbergh, abordaron uno de los temas más interesantes de la novela: cómo el océano de Solaris va creando formas espectaculares de propósito desconocido, como un intento de imitar o crear estructuras vivas y autónomas.
Comparad los trailers de las dos versiones cinematográficas:
En otras novelas Lem nos presenta con situaciones similares: los humanos llegan a un planeta fascinante donde aparecen fenómenos inexplicables, producto de la incomprensión de los propósitos de otros seres con los que la humanidad no consigue comunicarse:
El mundo anillo
El 1970 Larry Niven sorprendió a los fans de la ciencia-ficción hard con un concepto de mundo diferente: un gran anillo que rodeaba completamente a su sol. Las sombras de un segundo anillo interior permitían alternar entre el día y la noche.
En la inmensidad de este Mundo Anillo muchos paisajes, habitantes y sorpresas eran posibles. El siguiente vídeo os dará una idea del impresionante tamaño de este mundo fantástico:
¿Quiénes eran los misteriosos constructores de este enorme mundo circular? Larry Niven ha publicado tres secuelas donde aborda esta cuestión.
Pintando mundos imaginarios
¿Os habéis preguntado de dónde salen las imágenes de los planetas potencialmente habitables que van siendo descubiertos por la misión Kepler y otros programas científicos? No se trata de imágenes reales (estos planetas están demasiado lejos para captarlas), sino que como otras imágenes astronómicas de divulgación, revistas, novelas o películas, son obras de artistas especializados.
David Egge es uno de estos artistas clásicos, uno de los que fue utilizado en la serie Cosmos original para ilustrar los paisajes de otros mundos, incluso aquellos que quizás albergan otras formas de vida:
Don Dixon:
David A Hardy:
Adolf Shaller:
Por último, Lynette Cook pertenece a la nueva generación artistas astronómicos, con un look más digital en sus obras:
Las películas necesitaron desarrollar efectos especiales para poder representar de forma realista otros mundos fantásticos, recurriendo en sus orígenes al matte painting realizado por artistas astronómicos, es decir, a imágenes pintadas de fondo que se superponían a otros objetos.
Uno de los grandes clásicos de ciencia-ficción, Planeta Prohibido, utiliza esta técnica para representar el misterioso planeta y las enormes máquinas de la civilización alienígena desaparecida:
Para llevar la historia de Superman a la gran pantalla, el planeta Kripton tenía que ser recreado fielmente, incluyendo su catastrófica destrucción:
Uno de los mundos más inquietantes de la ciencia ficción cinematográfica es el de la película Alien, una luna que gira alrededor de un gigante gaseoso, donde aparece varada una enorme nave de origen desconocido:
El look de Alien ha sido renovado para su precuela Prometheus, manteniendo el mismo tono:
Uno de los mundos más elaborados es el de Pandora. Como el mundo de Alien, se trata también de una luna que gira alrededor de un planeta gigante, al igual que la luna de Endor (el mundo de los Ewoks) en Star Wars.
James Cameron tuvo mucho cuidado en recrear la geología, fauna y flora, y habitantes nativos de esta fantástica luna.
En Melancholia, una película con imágenes 'impactantes', Lars von Trier recrea el fin de la Tierra por la colisión de un enorme planeta:
Si creáis vuestro propio mundo imaginario, este proyecto os propone compartir su mapa y disfrutar de los que otros han creado.
Personalmente, la expresión 'Planeta Imaginario' siempre me recordará al programa de televisión del mismo título y sobre todo a su curiosa cabecera, con la fantástica interpretación electrónica que Isao Tomita hace del Arabesco nº 1 de Debussy: