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martes, 21 de noviembre de 2017

Charla sobre Robert Heinlein en la Hispacon 2017


Hola a tod@s:

Terminada la fantástica Hispacon 2017 celebrada en Navacerrada, España, os presento aquí la charla que di sobre el escritor Robert A. Heinlein, un clásico de la ciencia ficción.


La presentación sigue su vida y su obra, analizando la polémica en torno a su ideología, desvelando aspectos no muy conocidos sobre su personalidad. La charla está acompañada por multitud de fotografías e imágenes, así como por varios vídeos donde escuchamos al propio Heinlein hablar de sus creencias y de su sueño de viajar al espacio. También podemos verlo en acción en una de las últimas WorldCon a las que asistió.


Recordad que en esta lista de reproducción de YouTube podéis encontrar mis conferencias sobre otros autores como Philip K. Dick, Frank Herbert y Stanislaw Lem.


Espero que os guste.

    Salvador

sábado, 8 de abril de 2017

Ciencia ficción para chavales


Gracias a la invitación de Sergio Bargues, profesor en el IES Fuente de San Luis de Valencia, tuve la oportunidad de dar una charla sobre ciencia ficción a alumnos de primer curso de ESO, dentro de un ciclo de encuentros con escritores organizados por el instituto.

La ciencia ficción es un gran recurso para motivar a los chavales en contenidos científicos, sociales y artísticos, así que os animo a introducirla en vuestros programas. Yo mismo empecé a leer y escribir ciencia ficción en el instituto, y fue ese género el que me acercó a muchas ideas que hubiera sido difícil encontrar de otra manera.



Hasta pronto,

   Salvador


sábado, 29 de noviembre de 2014

El principio antrópico: ¿es el mundo así por nosotros?


Una de las ideas que ha suscitado mayor discusión en las últimas décadas, en un terreno intermedio entre la ciencia y la filosofía, es el llamado Principio Antrópico.

Curiosas coincidencias (o no)


Todas las versiones del principio antrópico parten de la misma constatación: hay una cierta cantidad de constantes y propiedades fundamentales de nuestro universo cuyos valores parecen críticos para que la vida en general sea posible. Por ejemplo, el equilibrio entre las fuerzas electromagnéticas y gravitatorias en esencial para que puedan formarse estructuras como las estrellas y planetas, el número de dimensiones espaciales (tres) es el adecuado para que pueda haber órbitas estables, etc.


Se sabe que si algunos de estos valores fuera incluso ligeramente diferente al actual, las estructuras comunes de nuestro universo, y por tanto la vida y nuestra propia existencia, no serían posibles.


En este vídeo podemos hacer un repaso general a estas constantes universales y su importancia:


Sin embargo, aunque hay un acuerdo bastante amplio sobre la realidad de estas 'improbables coincidencias favorables a la vida', también es posible que estemos cayendo en una falacia sin darnos cuenta:
  • El hecho de que las estructuras que conocemos (moléculas de carbono, por ejemplo) solo sean factibles dentro de ciertos márgenes en las constantes fundamentales, no quiere decir con otros valores no pudieran existir otras estructuras que permitieran también sistemas autoreplicantes que evolucionaran (es decir, la vida). Javier Sampedro desarrolla este punto en este excelente artículo.
  • Realmente no sabemos aún (y es posible que tardemos mucho en saberlo) si hay una explicación científica de los valores de las constantes fundamentales. Por hoy no existe, y muchos científicos tienen a pensar por ello que esos valores son contingentes: podrían ser muy diferentes en otros universos o si nuestro Big Bang se hubiera desarrollado de otra forma. Pero también es posible que una Teoría del Todo demuestre que esas constantes no son casuales sino fruto de relaciones entre fuerzas, espacio y tiempo, u otros conceptos más fundamentales que aún permanecen ocultos.
Sin embargo, a partir de la formulación por el astrónomo Brandon Carter en 1974, y su exposición popular en el libro "Historia del Tiempo" de Stephen Hawking, hoy en día hay un gran acuerdo en el punto de partida fundamental del Principio Antrópico, que según Hawking sería:

“Vemos el universo de la forma que es porque si fuese diferente no estaríamos aquí para observarlo”

Versiones débiles y fuertes del principio


Ya en su conferencia de 1974, Brandon expuso varias posibles formas de interpretar o explicar el principio antrópico, clasificando estas formas en 'fuertes' y 'débiles'.


Podríamos resumir los dos tipos de explicaciones de la siguiente forma:
  • Forma débil: Seguramente la vida y nosotros mismos no podríamos existir en un universo que tuviera constantes fundamentales bastante diferentes al nuestro, pero la explicación de este hecho es sencilla: si nuestro universo hubiera sido de una de esas otras formas, nosotros no estaríamos aquí haciéndonos la pregunta. Por tanto, del simple hecho de que existimos podemos deducir que el universo debe tener características físicas favorables a nuestra aparición.



Para algunos autores esta forma débil no es más que una tautología o un mero juego con el lenguaje, que realmente no aporta mucho a nuestro conocimiento. Sin embargo, para otros es un principio interesante en la medida en que, basándose en la existencia de la vida, da una explicación de por qué el universo tiene ciertas características.

Los críticos del principio débil argumentan que éste no explica cómo es posible que se haya dado la combinación improbable de características que favorece la vida.


Los partidarios de la versión débil pueden replicar que no es necesaria tal explicación, porque nuestro universo no es único: hay muchos otros universos paralelos en los que no existe la vida, o bien se han dado o se darán en otros ciclos evolutivos de nuestro propio universo. Tan solo tenemos la suerte de estar en uno de los universos favorables a la vida.

Mi argumento favorito contra la 'improbabilidad' de nuestro universo es la de Stanislaw Lem, que veremos más adelante.
  • Forma fuerte: según esta versión, hay una razón por la cual el universo tiene características favorables a la vida, no es una mera casualidad o el resultado de nuestra suerte de vivir en uno de los universos adecuados.

Como veremos, hay diferentes interpretaciones sobre cuál podría ser esta razón que predispone al universo a ser favorable a la vida. Por el momento examinaremos la versión débil, favorecida por la mayoría de los físicos.

Una gota en el multiverso


La moderna teoría de cuerdas, que intenta unificar nuestro conocimiento de las fuerzas, la materia y el espacio-tiempo, propone que nuestro universo es como una burbuja o membrana con la que pueden coexistir muchas otras, otros universos, dentro de un espacio de dimensión mayor que se llamaría multiverso.


La idea es que los universos se forman espontáneamente debido a algún tipo de fluctuación en el espacio multidimensional del mutiverso, como las burbujas en una bebida gaseosa, pero al 'enfriarse' cada universo la unicidad inicial de las fuerzas y la materia cristaliza en diferentes interacciones y estructuras, debido a que ciertas constantes fundamentales de la física toman valores al azar.

El físico Alan Guth, autor de la explicación inflacionaria del Big Bang, lo explica en esta excelente entrevista.



El hecho de que vivamos en un universo donde se dan estructuras y fuerzas favorables a la vida sería obvio dada nuestra existencia, pero no sería necesaria ninguna razón especial para explicarlo.


Leonard Susskind, uno de los padres de la teoría de supercuerdas, explica a Eduard Punset la relación entre el multiverso y el principio antrópico:


Pero, ¿no sería posible que esta creación de múltiples universos tendiera de alguna forma a favorecer los más aptos para la vida? Esta es la teoría de la selección natural cosmológica, desarrollada por el físico Lee Smolin.

Smolin aplica a los universos individuales la selección darwiniana que habitualmente aplicamos a los seres vivos. Según este físico, los universos se reproducirían a través de sus agujeros negros, y por tanto los universos que produjeran más agujeros negros tendrían más descendencia. Argumenta también que precisamente las características que producen más agujeros negros son también favorables para que se creen estructuras como estrellas, planetas y seres vivos, y por tanto habría una selección cósmica de aquellos universos que tienen características más favorables a la vida.


La teoría de Smolin no es vista como viable por una mayoría de físicos, pero es ciertamente curiosa e interesante.

En el siguiente video, Richard Dawkins comenta la versión débil del principio antrópico y las ideas de Smolin, que obviamente son atractivas para él como biólogo evolucionista. Cuidado, porque la traducción a español no es siempre acertada.


¿Un universo creado para nosotros?


La versión fuerte del principio antrópico, que ve necesaria una razón por la cual las constantes del universo favorecen la vida, lleva fácilmente a una interpretación religiosa. Si hay un ser superior que ha creado o diseñado el universo, es lógico que éste tenga características favorables a la vida inteligente. Lo que parece coincidencia o azar, no lo es según esta visión.


Algunos autores incluso ven el principio antrópico como una prueba científica de la existencia de Dios. Otros piensan que el principio en sí no es científico, sino metodológico o filosófico, y no hablan directamente de un ser superior pero interpretan, como John Barrow, que debe haber al menos alguna fuerza o proceso responsable de las características favorables del universo.

El siguiente vídeo presenta de una forma clara la visión religiosa:


Obviamente pueden plantearse muchas críticas a esta visión, y puede preguntarse si el papel del ser superior se limitó a decidir los valores de las constantes fundamentales, lo cual sería una postura más deísta que convencionalmente religiosa (teísta).

Estoy tratando de perfeccionar un diseño inteligente, pero me siguen saliendo un montón de tontos, fascistas, fundamentalistas y fanáticos religiosos. Supongo que mejor voy a dejar que evolucione la cosa.

El universo participativo


La interpretación religiosa no es la única que puede ofrecer una razón para el principio antrópico fuerte, es decir, para explicar directamente por qué las constantes fundamentales del universo favorecen la vida.

El físico John Archibald Wheeler parte de la interpretación 'mística' de la observación de la realidad que algunos autores derivan de la física cuántica, suponiendo que solamente un observador consciente puede transformar en estados definidos las ondas de probabilidad, como discutí en esta entrada.

Según esta idea, es la consciencia humana la que crea verdaderamente la realidad a partir de las posibilidades gobernadas por las ecuaciones cuánticas.


Lo característico de la idea de Wheeler es que la consciencia humana no solamente determinaría la realidad presente sino también todo el pasado que ha llevado hasta esa consciencia. Su razonamiento no es tan descabellado como parece, ya que según la mecánica cuántica mientras no haya observaciones (que deben realizarse por una consciencia, según Wheeler) la realidad evoluciona en forma de superposiciones de diferentes posibilidades.

Así, durante millones de años nuestro universo habría evolucionado como simples probabilidades, hasta que en una de las posibles ramas de posibilidades que se abrieron en su evolución se generó la consciencia. Esta consciencia fue entonces capaz de transformar las probabilidades observadas de esa rama en realidad. Solamente la línea histórica que llevaba hasta la consciencia se convirtió en real.

Aquellos universos-probables que no engendraron consciencia ni siquiera llegaron a existir.


Por lo cuál vemos que realmente la existencia de un universo dependería de que fuera capaz de generar consciencia. Es el concepto de Principio Antrópico Participativo o universo participativo.


Por tanto, tendríamos una explicación de por qué en nuestro universo se dan las constantes físicas adecuadas para sustentar la vida: porque de otra forma no habría consciencia capaz de haber hecho real el universo.


La idea de Wheeler es muy intrigante, porque de alguna forma resuelve el problema del origen del universo (fuimos nosotros quienes lo creamos), pero a costa de crear una paradoja del tipo "la gallina y el huevo": ¿Cómo se convierte en real la consciencia si depende de ella misma para convertir en real el universo que la crea?


Quizás para salir de este atolladero, Wheeler, maestro en crear teorías curiosas, ha sido uno de los proponentes de la Pregeometría, es decir, de una estructura de la realidad previa y más fundamental que el espacio-tiempo que conocemos.

El universo solipsista y el amigo de Wigner


Otro problema que plantea la visión de un universo creado por la consciencia es que, si somos estrictos, cada uno de nosotros solamente tiene pruebas directas de la existencia de una consciencia: la suya.


La postura solipsista, de larga tradición filosófica, afirma que solo mi existencia es real. El resto del universo, incluidas las demás personas, no son reales o bien requieren de mi consciencia para serlo.




El físico Eugene Wigner se convenció de que parecía la única opción lógica, a partir de su análisis del problema del colapso de la función de probabilidad en la mecánica cuántica. Si somos consistentes, decía, no es que se requiera una consciencia para dar realidad a las posibilidades superpuestas, si no que ésta no se produce hasta que yo no realizo la observación.

Así, la interpretación de Wigner de la paradoja del gato de Schrödinger, que comenté en esta entrada anterior, es que cualquier persona (que no sea yo) que observe el gato también estará en una superposición de estados hasta que yo no la observe a ella. Esta formulación se conoce como la paradoja del amigo de Wigner.


Si combinamos las ideas de Wheeler y Wigner resultaría que el universo solamente existe para que YO exista, o visto de otra manera, el universo no fue real hasta que aparecí yo para observarlo.

En realidad no hay científicos, que yo sepa, que realmente crean estas afirmaciones, pero resulta una interesante crítica a la idea de que la consciencia crea la realidad (¿la consciencia de quién?). A menos que se pueda caracterizar objetivamente qué es la consciencia y qué tiene de especial para realizar (supuestamente) el colapso de las probabilidades cuánticas, no se puede construir un discurso consistente sobre esa idea.

Para un resumen de las interpretaciones de la medida cuántica, las posiciones de Wheeler y Wigner, y la relación con el principio antrópico, os recomiendo este artículo de Martin Gardner.

El solipsismo panteísta universal de Robert Heinlein


En su provocadora novela El Número de la Bestia y sus secuelas, el escritor de ciencia ficción Robert A. Heinlein nos propone otro concepto curioso del universo, emparentado con el concepto de universo participativo y con el solipsismo.


En esa visión el universo tendría tres dimensiones temporales, además de las tres dimensiones espaciales habituales.
  • Una dimensión de tiempo sería la que conocemos, la que une pasado, presente y futuro.
  • La segunda dimensión de tiempo daría acceso a los universos alternativos, otras posibles evoluciones más o menos cercanas a nuestro propio universo
  • Finalmente, la tercera dimensión daría acceso a otros universos generados a partir de la fantasía y la imaginación de los habitantes del 'multiverso'.
Así, los mundos de Oz o Star Wars, y los de Lovecraft, Verne o cualquier otro autor, serían reales en alguna posición a lo largo de este tercer eje de coordenadas temporal, al igual que otras 'fantasías' desconocidas para nosotros.

Los protagonistas, gracias a la máquina desarrollada por el profesor Jacob Burroughs, visitan algunos de estos mundos extraídos de sus lecturas juveniles (en realidad las del propio Heinlein).


En un momento dado, los protagonistas se dan cuenta de que ellos mismos son también personajes de un universo de ficción, y su historia es conocida en otros universos. Es lo que Heinlein llama el Mundo como Mito. Las historias y los mitos no son mero entretenimiento, sino que crean universos reales como el nuestro, que a su vez puede ser también un mito. Cada universo es imaginado por alguien en otro universo.


Pero, como las fantasías dependen de la educación y lecturas de cada uno, al final el acceso a la dimensión de la fantasía se convierte en una experiencia de 'solipsismo de grupo', lo que los personajes bautizan como Solipsismo Panteísta Universal: ellos entran precisamente en aquellos mundos fantásticos que conocen y adoran.


Obviamente, esto es una excusa de Heinlein para hacer un homenaje a sus historias favoritas y refleja la tentación afectuosa de todo narrador de reconocer los mundos imaginados como dotados de realidad propia.

Pero aunque sea una excusa narrativa no deja de ser un concepto atrayente; pensar que podría existir esta simetría entre realidad y fantasía, difuminándose la diferencia entre ambas. Al fin y al cabo todos interpretamos nuestro propio mundo a través de narrativas y recuerdos que le dan sentido, pero que son en buena medida fantasías por derecho propio.

La imposibilidad de la existencia: Stanislaw Lem y el pelotón de fusilamiento de John Leslie


Otro maestro de la ciencia ficción seria y satírica fue el polaco Stanislaw Lem, en cuyas obras se basan películas como las distintas versiones de Solaris y la reciente El Congreso.

Uno de los recursos utilizados por Lem para exponer ideas nada convencionales fue escribir prólogos o reseñas de libros inexistentes. Estos textos están recogidos en sus obras Un Valor Imaginario (Magnitud Imaginaria) y Vacío Perfecto:



Una de las piezas de Vacío Perfecto se llama "De Impossibilitate Vitae / De Impossibilitate Prognoscendi", o sea, "Sobre la Imposibilidad de la Vida / Sobre la Imposibilidad de Pronosticar". Podéis encontrar el texto aquí.

Se trata de una reseña del libro (en dos tomos) del matemático ficticio Cesar Kouska, en la que demuestra científicamente la imposibilidad de su propia existencia, y de hecho la imposibilidad de que exista cualquier cosa. Para ello utiliza las reglas del cálculo de probabilidades, aplicando de forma rigurosa un razonamiento que todos hemos hecho alguna vez de manera informal.

Su objetivo es calcular la probabilidad de haber nacido. Para ello utiliza un árbol genealógico inverso, retrocediendo a los acontecimientos que sucedieron para que sus padres se encontraran, luego a sucesos que llevaron al encuentro de sus abuelos, y así sucesivamente.


Estimando las probabilidades de que cada pareja se conociera y de que el óvulo y espermatozoide adecuados se encontraran, se da cuenta de que la probabilidad total de que él exista, calculada mediante la multiplicación de las anteriores (todas las probabilidades en matemáticas están entre 0 y 1), enseguida se convierte en infinitesimal. De esto deduce que obviamente no puede existir, y lo mismo sucede con las demás personas, animales y cosas.
El genio satírico de Lem está mostrando una falacia lógica en acción. Aunque calculemos una probabilidad muy pequeña para algo, una vez ese evento ya ha sucedido la probabilidad calculada no importa. La probabilidad de algo que ya ha sucedido siempre es 1 (el 100%) porque no hay alternativa, no puede 'des-suceder'. Preocuparnos a posteriori es como si a alguien que le ha tocado la lotería le quitáramos el premio porque la probabilidad de que le tocara era demasiado baja.

Los críticos del principio antrópico débil, por su parte, utilizan contra este razonamiento un argumento que describió el filósofo John Leslie, y es más o menos el siguiente: si me dispara un pelotón de fusilamiento y todos fallan, yo sé que la probabilidad de que sucediera así es pequeña. Aunque haya sobrevivido, y ciertamente me alegre por ello, quiero saber por qué los que soldados fallaron. Tiene que haber una explicación.


Por supuesto, hay dos tipos de explicaciones. Los partidarios del principio antrópico débil simplemente dirían que si el pelotón de fusilamiento realiza muchas ejecuciones cada día, al haber un margen de error en los disparos de cada soldado, según la ley de los grandes números algún prisionero saldrá ileso de tanto en tanto, cuando coincida que todos los soldados fallen a la vez. El prisionero que se hace la pregunta ha tenido suerte, ha sido una casualidad, pero no es necesaria más explicación. Aplicando esto al universo, diríamos que nos ha tocado en suerte uno entre los muchos posibles universos (paralelos o en secuencia) en los que había condiciones favorables a la vida. Si no hubiéramos tenido esa suerte, no estaríamos aquí haciéndonos la pregunta, al igual que los prisioneros muertos por el pelotón.

Por otra parte, un partidario del principio antrópico fuerte diría que hay una explicación más obvia y más sencilla: no es una cuestión de suerte, existe un propósito tras lo que ha sucedido. Por alguna razón desconocida, todos los soldados se pusieron de acuerdo en perdonar la vida al condenado, no ha sido una casualidad. O bien había un plan premeditado (explicación religiosa) o una simpatía especial que el prisionero transmitió a los soldados e hizo que fallaran (explicación del universo participativo).

Cada uno puede escoger la explicación que más le guste  :-)


Hasta la próxima,

    Salvador









sábado, 22 de febrero de 2014

¿Es posible el viaje en el tiempo?


 Siguiendo con el tema del tiempo, cuyo concepto tratamos en la entrada anterior, vamos a hablar en esta ocasión sobre la posibilidad de viajar a través de él. En una futura entrada comentaré también algunos mecanismos y tecnología específica que se ha propuesto para llevar a cabo estos viajes.

Transporte o comunicación


Lo primero que vamos a aclarar es que desde el punto de vista de su posibilidad y de las paradojas que involucran, no importa que hablemos de viaje en el tiempo o de transmisión de información a través de la historia. Si uno es posible, el otro también lo será.

Por ejemplo, si consiguiéramos enviar señales hacia el pasado, sería concebible (aunque difícil con nuestra tecnología actual) construir un receptor que decodificara las señales y construyera un objeto o un ser basado en esas instrucciones.

Como veremos, el viaje físico al pasado puede producir paradojas ("¿qué pasa si matas a tu abuelo?" es la más clásica), pero igualmente pueden aparecer suponiendo únicamente la transmisión de información: "¿Qué pasa si avisas a John F. Kennedy de que no vaya a Dallas el día de su asesinato?" o "¿Qué pasa si envías instrucciones al pasado para que alguien allí mate a tu abuelo?".


El tema de la transmisión de la información entre pasado y futuro ha sido tratado multitud de veces tanto en la literatura de ciencia-ficción como en películas, normalmente con el objetivo de cambiar el pasado y sus consecuencias.

Por ejemplo, en Cronopaisaje, son dos científicos los que se ponen en comunicación e intentan ayudarse salvando las dificultades de sus entornos respectivos:


Una película reciente que aborda una situación parecida es Frecuency, en la que un padre y un hijo se comunican por radio (?) a través del tiempo.



Una diferencia entre el viaje y la transmisión de información es que pareciera que en el segundo caso se requiere un mecanismo receptor que pueda recoger y decodificar las señales enviadas por el emisor. Por esta razón, la comunicación no podría realizarse hacia el pasado más allá del momento en que se inventa este mecanismo.

Sin embargo, también en el caso del viaje en el tiempo algunos argumentan la necesidad de que exista un mecanismo receptor. En este caso, no podríamos viajar al Jurásico o cualquier época anterior a la invención de la propia máquina (a no ser que alguna otra civilización ya dispusiera de un receptor en esa época).

Otra nota previa de importancia es la consideración de que todos los sistemas de teletransporte instantáneo que aparecen en historias y películas supondrían violar la limitación de la luz de la Teoría de la Relatividad, y como consecuencia implican un viaje también en el tiempo, aunque se suela ignorar esta consecuencia.

En la discusión que sigue vamos a asumir el concepto convencional de flecha del tiempo y supondremos que las causas operan del pasado hacia el futuro, aunque como vimos en la entrada anterior, esto está lejos de haber sido clarificado.

Viaje hacia el futuro


El viaje hacia el futuro no plantea problemas lógicos ni dificultades tecnológicas insalvables cuando lo único que deseamos es 'acelerar' nuestro viaje natural del pasado al futuro.

Una opción sencilla es congelar el efecto del tiempo para el viajero, sea a través de la hibernación (muy utilizada en ciencia-ficción) o la crionización, como aquellos que se congelan al morir con la esperanza de que alguien los despierte y reactive en el futuro.

La dificultad técnica más importante de estos métodos de 'viaje' es evitar los efectos entrópicos del tiempo mientras el viajero está 'congelado' (daños y descomposición de la materia orgánica) , algo que no se ha conseguido todavía salvo en el caso de bacterias que parecen tener mecanismos para reparar su ADN dañado.

Un ejemplo clásico en el cine es la película El Dormilón de Woody Allen, en el que la crionización del personaje es solo una excusa para crear una serie de situaciones cómicas ambientadas en el futuro (inolvidable orgasmatrón).


Una variante del método de congelación o hibernación sería el enlentecimiento relativo del tiempo para el viajero. Si de alguna manera se consigue aislarle de los efectos del tiempo en su entorno, creando una 'burbuja' de tiempo más lento, podrá 'viajar' más rápidamente de lo normal hacia el futuro.

Este mecanismo ha sido simulado visualmente para reproducir el viaje al futuro en las adaptaciones cinematográficas del clásico de H.G. Wells, La Máquina del Tiempo. Podemos ver aquí la escena de viaje al futuro en la versión del año 1960 y en la del 2002.



Otra modalidad de 'viaje hacia el futuro' por dilatación temporal aprovecha el efecto de las aceleraciones que acercan al viajero a la velocidad de la luz. Según prueba la Teoría de la Relatividad, estos viajes acelerados hacen que el tiempo transcurrido para el viajero sea menor que para los que viven en los planetas u otros sistemas en relativo reposo, como expliqué en esta entrada anterior donde se puede calcular la diferencia exacta.

En este documental se describe cómo podría ser el diseño de una nave pensada para conseguir las grandes velocidades necesarias para conseguir grandes dilataciones temporales:


Por último, tendríamos la opción de un salto directo o atajo por el espacio-tiempo hasta llegar a nuestro destino en el futuro. En este caso nos enfrentaríamos a paradojas y dificultades técnicas similares a las del viaje hacia el pasado.

Viaje hacia el pasado


Aún más que el viaje hacia el futuro, es el viaje hacia el pasado el que captura y excita nuestra imaginación, ya que nos enfrenta ante la idea de cambiar o investigar algo que ya ha sucedido, y por tanto la intrigante posibilidad de cambiar también el presente.


Comencemos con dos planteamiento nada ortodoxos del viaje al pasado. Primero, considerando el tiempo representado como sucesión de viñetas en un cómic:


Y otro ejemplo que podría verse como la versión moderna del viaje de Marcel Proust al pasado en su saga En Busca del Tiempo Perdido:


Pero, centrándonos ya en el viaje al pasado en el mundo físico, debemos saber que entramos en territorio abonado a las paradojas, aspecto que ya reconoció el filosófo Immanual Kant al darse cuenta de las limitaciones de las categorías de tiempo y causalidad al intentar 'salirnos' de ellas.

Un buen resumen sobre las paradojas del viaje en el tiempo podéis encontrarlo aquí. También aquí se hace un interesante análisis de las posibles soluciones, aunque nosotros vamos a plantearnos exclusivamente las opciones más cercanas a los planteamientos científicos actuales.


Como clasificación de los posibles escenarios para el viaje al pasado, voy a adjuntar aquí un magnífico gráfico del enlace anterior, para que nos sirva de índice:


Linea temporal fija


Vimos en la entrada anterior que según la interpretación ortodoxa de la Teoría de la Relatividad, que realiza el mismo Einstein, el espacio-tiempo 4D es estático y la percepción del tiempo es realmente una ilusión que sufrimos los que 'nos movemos' a través de él. En realidad no se puede cambiar nada, ni en el pasado ni en el futuro. Todo estaría predestinado, aunque no nos demos cuenta de ello.

El matemático Kurt Gödel, que vimos demostrando que la aritmética y todos los sistemas derivados son indecidibles, se hizo posteriormente amigo de Einstein y probó que las ecuaciones de la Relatividad permitían los bucles en el tiempo.

Pero para que fuera posible el viaje al pasado en este escenario de un espacio-tiempo estático, el bucle temporal debería existir desde siempre, estar también 'predeterminado'. Los viajeros temporales, igual los demás habitantes de este universo, no tienen posibilidad real de elección ni de cambiar nada.

El problema de estos bucles temporales predeterminados se denomina Paradoja de la Predestinación, cuya descripción podéis encontrar en inglés aquí, y mal traducido al español aquí.

En estos bucles temporales estáticos no caben situaciones como las de matar al abuelo o salvar a Kennedy, porque el bucle tiene que ser consistente causalmente y lógicamente (principio de autoconsistencia de Novikov). Por ejemplo, en la película Primer, que sólo recomiendo a los más valientes y pacientes, el viajero en el tiempo evita encontrarse con su doble para no producir una paradoja. Según la interpretación estática (y según algunos teóricos siempre que haya una única línea temporal), el bucle no sería posible si incluyera una paradoja causal.



Aunque Gödel y otros han probado la posibilidad teórica de que existan líneas de tiempo cerradas en el universo relativista, hay una fuerte discusión sobre si en realidad son posibles. La posición de Stephen Hawking y otros es que no lo son, y Hawking ha enunciado una conjetura que explica cómo esta prohibición es necesaria para mantener la consistencia en la cronología de los eventos, pero otros científicos piensan que estos bucles podrían ser posibles, al menos a escala microscópica y quizás ampliarse a escalas mayores. La solución a esta discusión no es posible sin el desarrollo de una teoría cuántica de la gravedad que unifique la Teoría Cuántica y la Teoría de la Relatividad, y por ello las ideas más modernas se apoyan en la Teoría de Cuerdas con este propósito.

Como elucubración personal, creo que los bucles temporales también serían posibles si se aceptara alguna forma de causalidad que operara hacia atrás en el tiempo, como comentaba en la entrada anterior, bien apoyada en partículas retro-temporales como los taquiones, o bien explorando de alguna otra forma una doble dirección para la flecha del tiempo.

Linea temporal dinámica


Un escenario a priori más interesante que el universo 4D estático es aquel en el que hay una sola línea de tiempo, pero ésta no está predeterminada, y por tanto está abierta a diferentes influencias causales del pasado o del futuro.

La posibilidad de este escenario es lo que hace interesante, pero también paradójico, el viaje hacia el pasado. Queremos viajar atrás en la historia para cambiar algo y mejorar el presente del que partimos (como el Terminator original viaja por orden de las máquinas para matar al futuro líder de la resistencia humana), aunque en ocasiones el que viaja se encuentra que no es posible realizar el cambio. A veces las historias y películas no son consistentes, y en un momento parecen apoyar el libre albedrío y la posibilidad de cambiar la línea temporal, y otras apoyan lo contrario.


Si aceptamos la flecha del tiempo convencional, la paradoja más obvia (llamada Paradoja del Abuelo) es que al viajar al pasado podemos causar un efecto hacia el futuro que cambie las circunstancias en que se produjo el viaje, incluso eliminando nuestra propia existencia (pero si eliminamos nuestra existencia, entonces no hubiéramos viajado y matado al abuelo...).



En muchas historias de ciencia ficción se utiliza a propósito el viaje al pasado para cambiar el futuro, a veces con consecuencias paradójicas.

El desarrollo más elaborado de esta idea es la magnífica novela de Isaac Asimov, El Fin de la Eternidad. La Eternidad es una organización de humanos que se mueven de una época a otra realizando 'ajustes' en la historia, gracias a sus ordenadores que calculan los posibles efectos. Para salvar a una mujer que desaparecería en uno de los cambios, el protagonista se embarca en una lucha contra la propia organización a la que su compañera y él acaban destruyendo, al prevenir su creación en el pasado.


Aunque en la Máquina del Tiempo de Wells y en otras historias como Terminator se utiliza un escenario de línea de tiempo dinámica para dar mayor libertad a los personajes, aparece una idea cercana al principio de autoconsistencia de Novikov, pero con un fundamento moral o religioso más que científico. Esta idea es que no deberíamos intentar cambiar el destino o la voluntad de los dioses, y aunque el protagonista consigue realizar un cambio (por ejemplo, en la Máquina del Tiempo el protagonista salva de su muerte original a su esposa), la 'inercia' del destino hace que el mismo resultado se produzca de todas formas por vías diferentes (su mujer muere por otras causas).

Igualmente en la saga de Terminator, los cambios producidos en la aparente victoria contra Skynet no detienen el 'inexorable' destino que enfrenta a las máquinas con la humanidad, lo cual viene muy bien para darle continuidad a la saga, claro.

Esta idea de que los cambios realizados en el pasado se propagan en el tiempo hacia el futuro se explota en muchos filmes, aunque en ocasiones la forma en la que se presenta no tenga sentido. Por ejemplo, en la película de Disney Descubriendo a los Robinsons, que recomiendo ver en familia a los que tengáis chavales, se puede ver 'en tiempo real' como se propagan en el futuro ('contaminado' por las acciones de los malos) los cambios que los buenos realizan en el pasado. No tiene ningún sentido, pero visualmente queda más resultón  :-)

Aquí tenéis la escena del viaje inicial al mundo futuro:


Por cierto, como hay gente que piensa en todo, si planeáis viajar al pasado, aquí tenéis un diseño de una 'chuleta' para imprimir en algún sitio (se recomienda una camiseta o camisa) con todos los conocimientos esenciales que os ayudarán para reconstruir las bases de nuestra civilización y predecir los avances 'futuros', y de paso haceros ricos y famosos:


¿Pero cómo se viajaría al pasado en el escenario dinámico? A diferencia del escenario estático, el bucle temporal no 'existiría desde siempre', sino que habría que crearlo de alguna manera.

La idea más común, aprovechando las posibilidades de las ecuaciones de la Relatividad General, que explican cómo el espacio-tiempo se curva con la gravedad, es crear un túnel o agujero de gusano que conecta dos puntos separados en el tiempo y el espacio.


Se han propuesto diferentes mecanismos para crear estos puentes. La idea es partir de una 'rotura' del tejido del espacio-tiempo, bien aprovechando un agujero negro existente o bien creando uno desde cero, o bien ampliando de alguna forma los agujeros de gusano microscópicos que se producirían por fluctuación cuántica en el espacio vacío.

En el libro El Universo Elegante, y en el siguiente documental, Brian Greene comenta estas posibilidades:


En la práctica los desafíos para construir verdaderas máquinas del tiempo serían grandísimos. Seguramente no es algo que podamos hacer en el garaje de casa, como en la película Primer o la novela de Wells, sino que más bien se parecería al aparato de Contacto, utilizado para crear un túnel por el espacio-tiempo:


Hay otras dificultades del 'teletransporte en el tiempo' que se suelen obviar. Una es el ajuste de la posición de destino (el planeta Tierra se mueve a gran velocidad por el espacio, al igual que todo el Sistema Solar, la Vía Láctea, etc.), ¿cómo 'apuntar' la mira de la máquina? Otra dificultad es la de materializar al viajero en el universo de destino, donde ya existe materia (aunque sea aire).

Por estas razones, además de por otras más teóricas, es razonable suponer que sería necesario un sistema receptor capaz de comunicarse con el emisor para resolver estos problemas.

En todo caso, en otra entrada posterior hablaremos de las propuestas 'prácticas' para construir máquinas del tiempo, aunque os dejo aquí un avance en primicia del prototipo desarrollado por unos científicos 'gespañoles':


Múltiples líneas temporales


Como vimos al hablar de la naturaleza del tiempo, se ha introducido teóricamente la idea de que pueden existir universos paralelos al nuestro donde se dan otras alternativas a los sucesos que nosotros experimentamos.

Mediante esta idea del Multiverso o universos alternativos se salva de forma elegante la paradoja del abuelo y otras paradojas similares del viaje al pasado. Si volvemos atrás en el tiempo y matamos a nuestro abuelo, lo que hacemos es crear o saltar a otro universo alternativo en el que las consecuencias de ese acto crearán un futuro diferente al de nuestra partida. No hay conflicto porque se trata de universos (líneas de tiempo) diferentes.

Esta mecánica ha sido muy explotada en historias, películas y series. El problema que tiene desde el punto de vista narrativo es que la creación de múltiples líneas temporales lleva a una gran dificultad para seguir la historia, como puede verse en el siguiente gráfico que muestra las líneas temporales en la serie Héroes.


Aquí tenéis un intento de organizar las diferentes líneas temporales alternativas que se van creando con los sucesivos saltos y cambios en la saga de Terminator (conclusión: la consistencia lógica les importa poco a los productores):


Y ésta corresponde a la película Looper, que también explora las paradojas del viaje en el tiempo, con un protagonista que se encuentra consigo mismo:


Como comentamos en la entrada anterior, si concebimos el tiempo normal como una dimensión en el espacio-tiempo de la Relatividad, podemos pensar en los universos de posibilidades alternativas como situados en una segunda dimensión de tiempo, en la que también podríamos viajar.

Phiip K. Dick, del que he hablado en otras ocasiones, explora en diferentes novelas el concepto de universo alternativo. Una de las más interesantes le valió el Premio Hugo, El Hombre en el Castillo. En ella se describe un mundo alternativo en el que Alemania y Japón ganan la segunda guerra mundial, pero circula clandestinamente una novela en la que se describe un mundo ficticio (para ellos) en el que los Aliados ganan la guerra. Una perfecta simetría en la segunda dimensión del tiempo.


En Aguardando el Año Pasado, que será pronto adaptada al cine, Dick explora la posibilidad de que una droga permita viajar en el tiempo, abriendo la caja de Pandora de las paradojas temporales, por supuesto.


Otro de mis autores favoritos de ciencia-ficción, que ha explorado la idea de los universos alternativos situando a sus personajes como habitantes de diferentes líneas de tiempo, es Robert A. Heinlein

Aunque Heinlein había explorado argumentos de viaje en el tiempo en novelas anteriores, como la excelente Puerta al Verano, es a partir de una de sus crisis de salud cuando escribe Tiempo para Amar, donde aborda sin contemplaciones las paradojas del viaje en el tiempo y utiliza el concepto de universo alternativo para dar rienda suelta a sus fantasías entre lo libertario y el libertinaje sexual más desinhibido que uno pueda encontrar en ciencia-ficción (o en cualquier otro género).

En esta novela, Lazarus Long, personaje de legendaria edad por ser resultado de un programa de reproducción entre familias especialmente longevas, aprovecha la reciente invención del viaje en el tiempo para acudir al rescate en el pasado de su propia madre, de la cual se enamora y lleva al futuro en un entorno bastante permisivo en el cual hasta las computadoras se encarnan en bellas mujeres.


Sin embargo, es a partir de El Número de la Bestia, su siguiente novela, donde Heinlein desarrolla totalmente las implicaciones del viaje en el tiempo y su libertad narrativa se extiende más allá de los límites conocidos, con el peligro de perder a los lectores en el camino, pero con alucinantes recompensas para los que sigan el juego al maestro.

En esta novela Heinlein expone una teoría muy particular: el solipsismo multi-personal panteísta universal. El primer concepto de la teoría es que el tiempo tiene tres dimensiones. Por esta razón hay un número total de seis dimensiones, y resulta un número de universos posibles igual a seis elevado a seis elevado a seis = el número de la bestia en interpretación heinleniana.


La primera dimensión del tiempo es la habitual. La segunda es la de las posibilidades alternativas para un universo dado. Y en la tercera dimensión se sitúan los universos imaginados por los habitantes de los otros universos. Por ejemplo, en El Número de la Bestia los viajeros espacio-temporales visitan algunos de sus favoritos en esta tercera dimensión: el mundo de Oz, el mundo de Alicia en el Pais de las Maravillas y un planeta Marte habitado, similar al Barsoom de Una Princesa de Marte (llevado al cine en la película John Carter).

Lo interesante de la idea es que todos los universos son igualmente reales, y por lo tanto cada línea de tiempo es imaginada por seres de otros universos en la tercera dimensión. Nuestro universo 'real' sería también producto de la imaginación de seres que viven en otros universos. Nosotros seríamos personajes de novela o película en historias imaginadas y contadas en otros universos.

Heinlein desarrolla de manera personal esta idea, juntando en sus últimas novelas a seres reales e imaginarios, y a sus propios personajes traídos desde diferentes mundos en los que son perfectamente reales. Todos ellos se unen en la noble causa de enderezar líneas de tiempo, sobrevivir los ataques de las fuerzas malignas y entregarse a una peculiar vida familiar.



El viaje en el tiempo en el cine y la televisión


Además de las adaptaciones de la Maquina del Tiempo, hay muchas películas recientes que utilizan el viaje en el tiempo, unas con una perspectiva de 'ciencia-ficción' y otras buscando efectos dramáticos y románticos interesantes.

En el capítulo 'ciencia-ficción' tenemos la mencionada Primer, solo apta para frikis masoquistas, la saga Terminator, Doce Monos (excelente), Looper (no la he visto todavía), y una posible adaptación cinematográfica de Esperando el Año Pasado, de Philip K. Dick, donde se viaja en el tiempo mediante una peligrosa droga.

Pero seguramente la película sobre viaje en el tiempo que marcó toda mi generación fue Regreso Al Futuro, que utiliza precisamente algunos elementos de las novelas de Heinlein.





Por otro lado, el aspecto romántico de los viajes en el tiempo es explorado en En Algún Lugar del Tiempo, con un Christopher Reeve en plena forma, y en La Casa del Lago, con Keanu Reeves y Sandra Bullock.



Otra película con tintes románticos y de drama familiar donde intervienen los viajes en el tiempo es Una Cuestión de Tiempo.La lógica de los viajes no tiene mucha lógica, como suele pasar. El personaje vuelve atrás ocupando el mismo cuerpo que tiene en el viaje de destino, pero apareciendo en otro lugar y con sus recuerdos del futuro. Pero la historia es divertida y tiene sus tintes filosófico-Nietzschianos.


Como guía para los que queráis explorar diferentes tratamientos del tema en el cine, o componer vuestra propia historia, tenéis este excelente diagrama de flujo donde se clasifican las diferentes opciones, con ejemplos clásicos de cada tipo:


Y aquí otra bonita infografía que muestra las películas clave en secuencia temporal:


En televisión por supuesto el tema del viaje en el tiempo aparece recurrentemente. Entre los clásicos tenemos las aventuras infantiles, pero muy entretenidas, de Doraemon: el gato-robot que viene del futuro para cuidar del inepto niño Nobita con sus inventos, que incluyen una máquina del tiempo y otros francamente interesantes:



Y por supuesto tenemos al Señor del Tiempo en persona, Dr. Who, que viaja por el espacio y el tiempo en su TARDIS, de aspecto más bien sobrio por fuera, pero fantástica por dentro.



No es de extrañar que con tanto viajero temporal se produzcan algunos problemas:



Pues esto es todo por hoy. Si os interesa el tema de la relatividad, los viajes en el tiempo y su presencia en el cine, os recomiendo la excelente conferencia que Andrés Aragoneses dio en la pasada Hispacon.


Hasta pronto,

   Salvador