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sábado, 14 de septiembre de 2013

Más allá del Ying y el Yang


   Añadiendo complejidad a los personajes


   Tras discutir el origen de las cosmovisiones dualistas, veremos en esta entrada algunas ideas para superar la dicotomía bueno/malo a la hora de construir personajes en las historias.

   Obviamente los personajes clave deben diferenciarse, y cuando hable en una entrada futura del esquema mítico del viaje del héroe y los arquetipos, veremos que el protagonista debe tener siempre su antagonista, pero esta contraposición debe dar mucho más juego que simplemente servir de instrumento moralizante para que 'el bien' triunfe sobre 'el mal'.

   L@s mal@s y l@s buen@s

 
    En las historias clásicas abundan los ejemplos de 'maniqueísmo' (ver entrada anterior), es decir, de una separación sin matices entre los héroes o heroínas buenos y los malos. En el cine, por ejemplo, se ha recurrido siempre a pistas visuales sencillas para que no haya la mínima duda sobre este contraste.

   Además de la obvia 'cara de malo/a' de l@s villan@s, hay otras pistas visuales igualmente evidentes, que llegan a convertirse en estereotipos. Por ejemplo, en los westerns clásicos los sombreros y trajes negros se reservaban para identificar a los malvados. Recordemos que ya el Zoroastrismo había identificado el negro con el mal. Esta identificación persiste hasta nuestros días en personajes como Darth Vader (Darth suena como Dark = oscuro, por no hablar de su traje y casco).



   Por su parte, los vaqueros buenos vestían con colores y sombreros más claros, además de carecer de otras características 'malas' como el bigotillo o la sonrisa demoníaca a lo Jack Palance.


    Esta identificación era tan obvia para todos que (por ejemplo) el maestro de la ciencia-ficción Robert A. Heinlein se inventa en su juguetona obra maestra El Número de la Bestia unos misteriosos villanos interdimensionales a los que denomina simplemente 'los sombreros negros'.

    De las pistas maniqueas no se libran, ni mucho menos, las mujeres de las películas. El blanco y negro consagró el contraste entre la rubia buena y la morena mala (aunque a veces se invertían los papeles), y el color dejó espacio para que también pudieran participar las pelirrojas y los diferentes tonos de castaño. Obviamente, la mala resultaba casi siempre mucho más fascinante.

    Hoy en día se explotan otros dualismos igualmente simplistas, como la chica morena lista pero impopular contra la popular rubia tonta.




   Invasiones del otro lado


   Una forma en la que se suele intentar romper en la trama dramática la barrera dualista entre el bien y el mal es suponiendo que dentro del personaje 'bueno' hay un 'lado oscuro' oculto (reprimido, podríamos decir), pero que por alguna circunstancia aflora e incluso toma el control temporalmente del lado bueno, normalmente por alguna intervención mágica o pseudocientífica maligna.




   Este 'truco' dramático puede dar resultados interesantes, si está bien llevado (como en la historia original del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, que fue el origen de este esquema), pero en el fondo lo único que hace es reforzar una visión muy dualista de la personalidad, como si: a) hubiera una parte mala y otra buena fácilmente distinguibles, b) la parte mala se pudiera aislar y dominar. 


Así que hoy en día solamente es recomendable utilizarla cuando se dispone de elementos para crear una verdadera tensión entre los dos lados (como en el caso del Gollum de El Señor de los Anillos).

   Antidualismo zen


   Una manera más radical de romper con el dualismo bueno-malo es seguir la filosofía zen (y la filosofía oriental en general) uno de cuyos pilares es romper con la tiranía del lenguaje y su lógica binaria ("o A o no A"). En realidad, el zen rechazaría el mismo concepto de antidualismo por ser él mismo dualista  :-)  

   Hablaremos en otra ocasión con más detalle de la filosofía (o antifilosofía) zen, pero baste con decir ahora que frente al modelo Ying-Yang de fuerzas duales en la naturaleza, el zen propone como símbolo un mero círculo. No hay partes, no hay divisiones, no hay categorías, ni siquiera hay individuos.
   En lugar del Ying-Yang tenemos elementos decorativos que invitan a la anti-reflexión, a vaciar la mente de conceptos, etiquetas y categorías.



   El problema es que sin categorías difícilmente podemos desarrollar historias que no sean meras paradojas contra el lenguaje y el uso de la razón (léanse los koan zen).

   Una novela o una película zen sería, desde este punto de vista, un mero ejercicio contemplativo, en el que intentaríamos evitar cualquier juicio o explicación. Y tras intentar ver algunas películas de Terrence Malick, yo particularmente no me siento muy dispuesto a seguir esta vía radical.





   Tonos de blanco y negro


    Volviendo al símbolo original del Ying-Yang, vemos que aunque éste parte de categorías duales, como masculino-femenino, lógico-intuitivo, etc., apunta de forma gráfica la idea de que dentro de cada opción hay también una parte de su opuesto (dentro de la parte blanca hay un círculo negro y viceversa).

   


   Si nos quedamos aquí literalmente, estaríamos volviendo al concepto del 'lado oscuro' reprimido, por ejemplo. Pero podemos imaginar que no hay una distinción tan clara entre los lados 'bueno' y 'malo', sino que se entremezclan. Podemos intentar imaginar que cada parte buena o mala tiene en su interior otras partes buenas o malas. Esto se puede representar fácilmente con un dibujo fractal, que ya os habréis dado cuenta es uno de mis conceptos favoritos, y lo uso siempre que puedo:


   Incluso podemos utilizar un esquema fractal donde el blanco y el negro puro se mezclan en tonos de gris. Por tanto, aquí la complejidad no viene dada solamente por que un personaje pueda tener lados buenos o malos, sino que todo su ser es en realidad una mezcla de aspectos, historias, traumas, intenciones, deseos, que juegan entre opuestos y los mezclan. No existe un deseo puramente bueno, o un recuerdo puramente malo.


   Por cierto, el título de la famosa novela "50 Sombras de Grey" significa literalmente "50 tonos de gris", y supuestamente hace referencia a todos los matices del personaje de Grey=gris. No he leído la novela, así que no puedo decir si el título le hace justicia, pero me temo que los tonos deben ser muchos menos de 50.



   ¿Cómo sería la figura Ying-Yang que describiría a un personaje más real, más interesante? Quizás más parecido a la siguiente figura, en la que se superponen y entremezclan partes 'buenas' y 'malas' de una forma complicada, sin darnos una respuesta obvia, un patrón previsible. 


   No puedo terminar esta parte sobre la mezcla de opuestos sin mostrar otro grabado de M.C.Escher, titulado "Día y Noche", y que funciona también como una especie de Ying-Yang que hace compatible el uso de categorías duales con todas las opciones intermedias entre los opuestos.



   Más allá del bien y del mal: otras dimensiones


   ¿Sería posible elevarse sobre la dualidad entre el bien y el mal, sin rechazar su utilidad práctica, pero apelando a otras dimensiones de la moralidad o del carácter de los personajes como más relevantes?

    Esto hubiera sido impensable en términos generales hasta la llegada del Romanticismo y de Friedrich Nietzsche (recordemos que este filósofo escribió "Más allá del Bien y del Mal"). Toda historia se basaba anteriormente en una premisa moral expresada en términos de buenos y malos. Pero en el siglo XIX se introducen otras dimensiones que pueden definir la moralidad y el carácter.


   Para el Romanticismo, las dimensiones estéticas (belleza, tragedia) y políticas (nacionalismo, libertad) pueden sobrepasar y sustituir a la moralidad tradicional.

    En particular Nietzsche hará énfasis en la voluntad de poder, y la dicotomía esclavo-superhombre:

En definitiva, el hombre que guía su vida según la voluntad de poder (el Übermenschsuperhombre), es un hombre que intenta siempre superarse a sí mismo, mejorarse en todas sus facetas, etc. No tiene en cuenta lo que los demás piensen o digan de él, se enfrenta a la vida y asume la realidad, procura vivir de una manera tal que si tuviera que vivir de nuevo infinidad de veces esa misma vida, sería feliz al hacerlo. Es un hombre libre que repudia el vicio, la debilidad y la esclavitud.


    Podemos comprobar que la literatura y el cine de las últimas décadas incluye multitud de estos 'antihéroes' situados más allá de la moralidad tradicional y guiados solamente por sus propios valores (aunque en el caso de Hollywood es obligatorio que tengan aspectos tradicionalmente buenos). Sin embargo, en realidad estaríamos sustituyendo una dualidad (bueno-malo) por otra (poderoso-esclavo), lo cual no sirve necesariamente para superar la simpleza de los personajes.


 

   Tridimensionalidad de los personajes: una disgresión por el caos


    En muchas ocasiones los críticos de literatura o cine hablan de personajes 'bidimensionales' frente a los que son 'tridimensionales'. Este adjetivo de tridimensional se usa en términos genéricos como indicativo de la complejidad del personaje, que debe ser suficiente para darle credibilidad, y también porque hay modelos específicos para definir a un personaje utilizando tres dimensiones, como Pensamiento, Acción y Sentimiento.

    Todos podemos entender intuitivamente que tres dimensiones (o una situación con un triángulo de tres personajes) puede dar lugar a situaciones más ricas que si solamente interaccionan dos elementos. Y hay una base físico-matemática para esta idea. En efecto, se ha demostrado que en un sistema donde solamente hay dos variables independientes, se llega a una situación estática o bien de equilibrio periódico (como la órbita de un planeta alrededor de una estrella).

    Por otro lado, cuando tenemos tres variables realmente independientes que interactúan de forma no lineal (no hay una simple proporcionalidad), lo que se obtiene es algo muy diferente. Es un sistema en el cual se producen pautas, pero cuya complejidad es tal que no puede predecirse a medio plazo, ni calcularse una solución analítica. Es lo que se conoce como Caos o Sistemas Dinámicos.


   Un ejemplo sencillo, y que originó la moderna Teoría del Caos, son las ecuaciones que investigaba un matemático llamado Lorenz para intentar modelar el tiempo atmosférico (las tres variables independientes son la x, y y z): 


   Cuando Lorenz trató de simular estas ecuaciones con un ordenador bastante primitivo, se dio cuenta de que el comportamiento era muy extraño: parecía alternar entre dos órbitas, pero nunca se repetía igual, y de tanto en tanto el sistema pasaba de una órbita a otra. Es lo que hoy conocemos como el Atractor de Lorenz.



   La lección que podemos extraer de esta teoría es que si queremos generar complejidad en los personajes debemos combinar varias dimensiones, de las cuales las más típicas son las dimensiones 'morales' (sea la de bueno-malo o la de poder-esclavo), pero puede haber otras (estéticas, ideológicas, socioeconómicas). Por ejemplo: chica rica-fea-mala contra chico pobre-guapo-bueno (dentro de cada dimensión podemos tener complejidad añadida por las combinaciones fractales y los niveles de gris que hemos mencionado).

    Así, además de la dualidad protagonista-antagonista, podemos añadir otros personajes contrapuestos por diferentes dimensiones, pero que sin embargo comparten otras características (por ejemplo, el chico pobre-guapo-bueno puede tener un amigo pobre-feo-no-tan-bueno).


   Arquetipos: un catálogo básico de personalidades


    Las combinaciones de dimensiones clásicas dan lugar a diferentes arquetipos o tipologías de personajes que pueden ser útiles como punto de partida para construir una historia, siempre que no se traten de manera demasiado simplista, ya que al ser arquetipos los espectadores o lectores ya están acostumbrados a ellos y pueden resultarles demasiado previsibles.


   Por ejemplo, en la siguiente gráfica se combina la dimensión social-individual (social-ego) con otra dimensión libertad-orden (freedom-order) para crear un catálogo de arquetipos básicos: el/la fuera de la ley, explorador(a), creador(a), mago-a, sabio-a, gobernante, etc. 


   Cuantas más dimensiones consideremos, más complejo se vuelve el catálogo y más ricos pueden ser los personajes. Para haceros una idea de lo que se puede conseguir, mirad el siguiente diagrama de arquetipos femeninos (pulsad para abrir la imagen superpuesta, y luego con el botón derecho "abrir la imagen en otra pestaña" para ampliar):



    Concluyendo este enrevesado repaso por la dimensionalidad moral y su aplicación a la complejidad de los personajes (como mera excusa para mostrar imágenes interesantes), diré que como en otras cosas lo importante es encontrar un equilibrio entre diferentes características, combinando aspectos reconocibles para la audiencia con otros que resulten novedosos o chocantes, y también buscando un punto medio entre la simplicidad y la complejidad, pues disponemos de tiempo o espacio limitado para dar vida y hacer justicia a todos los aspectos de los personajes y la historia.




   Y esto es todo. Hasta la próxima perorata,

      Salvador










3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Vaqueros, glamurosas rubias y morenas, personajes de once dimensiones fractales... no va a faltar de nada, ja, ja :-)

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  2. Como comenta mi colega Jesús Zarzoso, en las series de televisión se están explorando opciones que no están disponibles para las películas o incluso novelas, ya que pueden dedicarse 5 o 6 temporadas a construir la evolución de un personaje. En particular, series como 'Breaking Bad' o 'Dexter' están investigando personajes principales que son claramente malignos, evolucionando desde la bondad, o a la inversa. De hecho, esto es lo que significa 'Breaking Bad' = Volviéndose Malo. A ver cómo acaban, si se mantiene la apuesta o se termina con un 'final feliz'.
    Quizás 'El Padrino' es otro buen ejemplo, de los pocos en cine, de un arco de personaje en el que se pasa del bien al mal, a lo largo de una trilogía. De Annakin Skywalker mejor no hablo :-)

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