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martes, 6 de mayo de 2014

Transhumanismo e inmortalidad (1/2): la Singularidad se acerca


 La filosofía transhumanista plantea como objetivo alcanzable y deseable la evolución de la humanidad hacia la inmortalidad, utilizando para ello las herramientas de la ciencia y la tecnología, y basándose en predicciones optimistas sobre como éstas pueden progresar en el futuro más o menos próximo.



Iniciativa 2045


La idea de alcanzar la inmortalidad por medios científicos se ha vuelto a poner de actualidad gracias a la iniciativa del científico ruso Dmitry Itskov, el Proyecto Avatar (también conocido como Iniciativa 2045), que pretende conseguir en sucesivas etapas la evolución transhumana hacia la inmortalidad, para lo cual Itskov está intentando aunar los esfuerzos de diferentes científicos y filántropos. Además, visitando el sitio Web de esta iniciativa, uno puede suscribirse desde ya mismo para ser elevado a la existencia inmortal en cuanto la tecnología esté disponible.


Aquí tenéis el vídeo de presentación:



Siguiendo la aproximación de una evolución en varias etapas, vamos a repasar algunas posibilidades y ver cómo en el pasado han sido abordadas, sobre todo desde la ciencia ficción y la obra de algunos visionarios.


En la próxima entrada veremos de qué forma práctica (dentro de lo que cabe) podría plantearse la inmortalidad por medios informáticos para vivir en mundos virtuales, potencialmente para siempre.

Clásicos del transhumanismo en ciencia ficción


La idea de alcanzar la inmortalidad por medios tecnológicos y la descripción de fases futuras de la evolución de la humanidad más allá de nuestro sustrato biológico original tiene una larga tradición en la literatura de ciencia ficción.

Seguramente el primer autor que se planteó de forma sistemática y muy completa la futura evolución humana en su expansión por el universo fue el británico Olaf Stapledon. En su obra Hacedor de Estrellas (1937) plantea la evolución post-humana a una escala nunca antes abordada, extendiéndola durante millones de años y tocando posibilidades como las esferas de Dyson, la ingeniería genética, la clonación y la evolución de la humanidad hacia otras formas no materiales de vida, mucho antes que se hubieran considerado estas ideas.


Stapledon tuvo una profunda influencia en los autores de la edad de oro de la ciencia ficción, y particularmente en Arthur C. Clarke, que tocó el tema de la evolución transhumana en algunas de sus obras más famosas.

En El fin de la infancia, Clarke imagina una invasión alienígena de una cultura mucho más avanzada, que obliga a los humanos a evolucionar hacia formas más elevadas de existencia.


En "El centinela" y su posterior extensión a novela en 2001: Una odisea espacial, Clarke imagina de nuevo unos extraterrestres evolucionados en varias fases hasta convertirse en formas de pura energía. Esta vieja y avanzada raza de seres envía los famosos monolitos negros a sembrar las semillas de la inteligencia y fomentar la evolución de otros seres a lo largo del universo.


Al final de 2001, en la interpretación de Clarke, los extraterrestres regalan al astronauta David Bowman una nueva existencia como ser de energía. Stanley Kubrick, el genial director de la versión cinematográfica, prefirió oscurecer la trama de Clarke para dejarla más abierta a la interpretación.


Cuerpos perfeccionados


Volviendo a las previsibles fases de la evolución transhumana, la primera etapa involucraría nuevas técnicas como la nanotecnología, el reemplazo de órganos, la terapia génica y otras que puedan usarse para reparar, sustituir o extender funciones de nuestro organismo, superando las fases biológica y cultural de la evolución para entrar en un terreno desconocido en el que los hombres pueden modelarse a su antojo.


No es difícil concebir la posibilidad de que estas técnicas pueden prolongar nuestra vida y mejorar, incluso detener, los efectos del envejecimiento, aunque hoy en día nadie tiene todavía una respuesta clara sobre cómo detener del todo el reloj inexorable de nuestro organismo.

De momento el único sistema comprobado para alargar hasta un 50% la duración de la vida es la restricción calórica, aunque se ha descubierto ya una molécula que permite alargar la vida de igual forma en los gusanos, sin tener que hacerlos pasar hambre.


La ciencia-ficción ha tratado en muchas ocasiones la posibilidad de modificar y adaptar el cuerpo.


El tópico actual de los ciborgs ya había sido anticipado al menos desde 1952 en la impactante novela Limbo, de Bernard Wolfe, en la que la mutilación de las extremidades físicas y la sustitución por partes robóticas pasa de ser un ejercicio de renuncia a la violencia a convertirse en una moda superficial fuente de conflictos psicológicos y culturales.


Un pionero en pensar cómo el cuerpo humano debería adaptarse artificialmente a la vida en otros planetas fue Frederik Pohl con su novela Homo Plus, en la que el protagonista pasa por una dolorosa y traumática transformación para ser enviado a vivir en Marte, donde se dará cuenta de que... bueno, mejor que la leáis vosotros. Una obra maestra.


Avatares robóticos


La primera fase postulada por la Iniciativa 2045 supone el desarrollo de robots controlados remotamente por la consciencia humana. Para defender la proximidad de esta posibilidad sus proponentes mencionan la rápida evolución de la interfaz entre la mente humana y los dispositivos mecánicos. Pero aún parece que falte bastante para conseguir un robot suficientemente flexible y una comunicación fluida mente-máquina.

Una de las líneas más claras de investigación es el Proyecto Avatar de la agencia de investigación con fines militares DARPA (no confundir con el Proyecto Avatar del científico ruso mencionado antes, y mucho menos con las películas de James Cameron). Además del proyecto con orientación militar, DARPA ha financiado otros proyectos con robots, con aplicaciones aparentemente pacíficas.


Este proyecto Avatar pretende llegar a crear soldados robóticos controlados remotamente por humanos, algo así como unos drones que caminen por la tierra. Parece que hay gente en el planeta que todavía no ha visto la saga de Terminator y lo que Skynet puede hacernos en el futuro con estos robots :-)


Por su parte los japoneses están empeñados en replicar una especie de geisha robótica.


Y por supuesto, a la alta tecnología siempre se le encuentra una aplicación relacionada con los bajos instintos...


Este es un resumen de las diversas líneas de investigación actuales:


La película Los Sustitutos (The Surrogates) plantea de forma bastante interesante una sociedad en la que todo el mundo vive a través de avatares robóticos.


Sin embargo, controlar un cuerpo robótico, que podría ser 'inmortal' con un buen servicio de reparaciones, no va a conseguir que nuestra consciencia sea inmortal. Para esto tenemos que dar unos pasos más.


El cerebro en la máquina (o en un clon)


El movimiento ciberpunk en los años 80 y 90 adoptó la rápida evolución de la tecnología informática y de comunicaciones digitales, junto a elementos contraculturales, para imaginar un mundo donde los humanos se conectarían a las máquinas para acceder a mundos virtuales mediante una interfaz cerebral, idea que evolucionó después a la de una integración total en la máquina.


Como película que a la vez sintetizó, popularizó y acabó con el movimiento ciberpunk, The Matrix fue todo un fenómeno de cultura de masas que explotó los tópicos ciberpunk en una extraña mezcla de misticismo, efectos visuales y artes marciales, acostumbrándonos a todos a la posibilidad de vivir dentro de una simulación.


Otra idea clásica de la ciencia ficción que retoma la Iniciativa 2045, aunque sea difícilmente defendible de forma estrictamente científica, es la de que el cerebro humano pueda instalarse dentro de un cuerpo robótico para controlarlo como propio y de alguna manera conseguir ser inmortal (ignorando que las células del cerebro mueren como las demás del cuerpo).

Una encarnación reciente de esta idea es la de los cimeks en la trilogía de la Yihad Butleriana que precede en miles de años a la acción de la saga original de Dune. Estos híbridos cerebro-robot, y concretamente los llamados Titanes, son los servidores de las grandes máquinas pensantes centralizadas por el monstruoso Omnius.



La trilogía original de Dune planteaba al menos otras dos formas de alcanzar la inmortalidad. La primera, elegida por Leto II, hijo de Paul Atreides, para llevar a la humanidad hacia la supervivencia a través del Sendero de Oro, es la simbiosis con un ser muy particular, el gusano gigante de arena del planeta Arrakis, que al producir la especia melange dota a Leto de una fuente inagotable de vida y presciencia del futuro, convirtiéndole en un verdadero dios.



Lo curioso es que tras vivir unos tres mil años, Leto decide finalmente morir, por razones que no voy a revelar, pero que se expanden a través de los siguientes libros de esta madre de todas las sagas.


La segunda forma que Frank Herbert 'inventó' para conseguir la inmortalidad en Dune hacía uso de una idea que a él le fascinaba, pero que tenía muy poca base científica: que los recuerdos pudieran transmitirse de un cuerpo a otro, incluso tras la muerte.

Las primeras que utilizaban esta técnica eran las Bene Gesserit, la extraña hermandad de mujeres que había desarrollado con el tiempo extraordinarios poderes mentales. Al morir, las mujeres pasaban sus 'otras memorias' a las más jovenes, conservando así vivos en su interior los recuerdos de todas las generaciones anteriores, que llegaban a tener una 'semivida' en las nuevas 'reverendas madres'.


Posteriormente los malvados tleilaxu, una raza de ingenieros genéticos que manipula de forma horrenda la biología, aprenden a despertar en los clones de adultos los recuerdos que tuvo la persona original, creando los llamados gholas. Los más famosos de estos gholas son las interminables reencarnaciones de Duncan Idaho, el amigo y maestro de la familia Atreides, que acabará por jugar un importante papel en el siguiente paso de la evolución humana, precisamente en el paso de integrar la humanidad definitivamente con las máquinas.


La mente en la máquina


Como he comentado, la idea ciberpunk de que la mente pudiera establecer una interfaz de conexión con las máquinas y el mundo virtual de los datos digitales derivó hacia su consecuencia lógica: la mente podía ser 'cargada' en la máquina para vivir eternamente en el mundo virtual. Estudiaremos esta idea de transferencia mental con detalle en la próxima entrada.


Cuando Frederik Pohl continua su saga de Pórtico o Saga de los Heechee, su protagonista Robinette Broadhead es salvado de la muerte mediante la carga de su personalidad en un mundo virtual creado a través de programas semiconscientes desarrollados por su esposa, quien también se suma más adelante a este sistema de inmortalidad.


Otros autores han explorado esta posibilidad de la transferencia mental a mundos virtuales sintetizados en el interior de sistemas de computación, incluyendo sagas familiares que pueden hacerse un poco pesadas de digerir...


... o argumentos tan sofisticados que a los simples mortales nos cuesta seguirlos  :-)


Un autor que no he leído, pero que aparece siempre citado como pionero de la existencia virtual y de la filosofía transhumanista es Vernor Vinge:


La idea de mentes conscientes viviendo y evolucionando en un mundo virtual se ha ido así volviendo un lugar común en la cultura de masas.

Un ejemplo reciente que recomiendo encarecidamente es la película Her, que entre muchos aspectos interesantes plantea la evolución de un sistema operativo inteligente hacia la consciencia, incluso más allá de la consciencia del nivel humano. Fantástico guión, ideas, música e interpretaciones.


Otro ejemplo es la reciente película de Johnny Deep, Trascendence, que parte de una premisa claramente transhumanista para desmadrarse luego recurriendo a la clásica trama de tipo Frankenstein-científico-loco-que-quiere-dominar-el-mundo.


Apóstoles de la Singularidad


John Von Neumann, uno de los padres de la arquitectura de los modernos computadores, introdujo en los años 50 el término Singularidad para referirse a la rápida evolución de las tecnologías, pero fueron Vernor Vinge, el escritor de ciencia ficción que hemos mencionado antes, y Raymond Kurzweil, con un currículum tan variado como inventor, músico, especialista en inteligencia artificial y director de ingeniería de Google, quienes se han convertido en los apóstoles del uso moderno de este término.

El término Singularidad, o Singularidad Tecnológica, se aplica a la idea de una convergencia evolutiva entre humanos y máquinas, en la que se borran las diferencias entre ambos, y ambos pasan a un nivel superior de existencia.

Por un lado las máquinas adquirirían inteligencia y consciencia gracias al progreso exponencial de la complejidad de los sistemas de computación, superando eventualmente a los humanos, y por otro lado las personas extenderán sus capacidades a través de suplementos informáticos que acabarán llevándolas a la integración con las máquinas y la inmortalidad.



Aquí podéis ver a Kurtzweil en acción en el programa Redes:



Y este es "El hombre trascendental", un extenso documental sobre Kurtzweil y sus ideas que por si fuera poco está ambientado con música de mi compositor favorito Philip Glass.



Según Vernor Vinge, la singularidad se puede alcanzar por cuatro caminos diferentes:
  • El desarrollo de un computador que alcance el nivel de inteligencia humana y posteriormente lo supere.
  • El desarrollo de redes de computadoras que se comporten como superneuronas de un cerebro distribuido que "despierte" como ente inteligente.
  • El desarrollo de elementos de interacción con computadoras que permitan a un humano comportarse como un ser superinteligente.
  • Manipulaciones biológicas que permitan mejorar en algunos seres el nivel humano de inteligencia.

El debate


¿Son realmente posibles estas ideas evolutivas que plantea el transhumanismo? ¿Son deseables para los individuos que participen y para la sociedad y la especie humana como conjunto? ¿Qué conflictos surgirían si se ponen en marcha?

Algunas opiniones son claramente favorables, identificando la erradicación de la muerte como la de la enfermedad por antonomasia:


Incluso al Dalai Lama parece que no le importaría reencarnarse dentro de una máquina:


Por otra parte hay diversos aspectos criticables en el transhumanismo, y un pensador tan influyente como Francis Fukuyama (famoso por su tesis del "fin de la historia") ha calificado al transhumanismo como "la idea más peligrosa de la historia".

Stephen Hawking acaba también de publicar un artículo, inspirado por la película Trascendence, en el que advierte de los peligros del desarrollo de una Inteligencia Artificial que supere a las capacidades humanas, con consecuencias imprevisibles, y aconseja que nos lo pensemos bien antes de embarcarnos en algo que pueda llevar a la creación de una IA.


Este video nos puede servir de resumen de algunos argumentos a favor y en contra:



Pues nada, feliz evolución a los que os embarquéis. En la siguiente entrada continuaré con este tema, viendo cuáles son las posibilidades tecnológicas para llegar a vivir en un mundo virtual.

Sayonara, babies. (*)

    Salvador


(*) En el original inglés, la famosa despedida de Terminator es "Hasta la vista, baby", haciendo un juego con el exotismo de la expresión española para los angloparlantes. Para mantener ese exotismo en español la frase se tradujo por "Sayonara, baby".






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